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05 julio 2019

Parvus Mundus. Arroyo de los Navares. Navares de las Cuevas, SG

12.08.2018 - a las 20:57h.

Desde el pueblo parte un camino paralelo al Arroyo de los Navares. Es una delicia pasear por allí en cualquier momento del año, pero especialmente ahora, en el verano. Vamos cubiertos por este denso bosque de ribera y acompañados por el canto de diferentes especies de pájaros. Algunas veces coincidirán en cantar tantos que será difícil identificarlos.

Hay ramales del camino que se hunden en la espesura, y hasta este pequeño arroyo tiene sus afluentes: manantiales que nacen en las paredes calizas de este pequeño valle. Y dependiendo de su procedencia, así son sus colores. Y los aromas se multiplican como los diferentes cantos. Y el tiempo, en este rincón de placeres sencillos, discurre como ese canto leve de las fuentes. Y la respiración inunda nuestro interior. Y al tiempo algo se escapa de nuestro ser: a
caso sea el alma. Y va para extenderse, como una sombra más entre esas sombras palpitantes de brillos, en los arroyos.


Cuaderno Parvus Mundus 
Arroyo de Navares, Navares de las Cuevas, Segovia
Cieno, musgo, achicoria, manzanilla sobre papel

41°24'19.5"N 3°44'28.8"W



03 septiembre 2018

Parvus Mundus. Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz.


Un dibujo hecho el día 29 de julio de 2018, a la izquierda del espigón bajo el que se encuentra el Convento de la Hoz. Uno de mis lugares favoritos en cualquier época del año.
Pigmentos: meliloto blanco, tierra, tronco muerto de árbol, albarraz (azul), roripa del Pirineo, saxifraga conífera...calor, plantas aromáticas perfumando una ligera brisa, los buitres planeando en el cielo, y algún que otro graznido de cuervo entre largos silencios.

  
Después de dibujar las hoces del Duratón, voy a la derecha del espigón rocoso, al mirador desde donde se pueden ver las ruinas del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz.
Hace tiempo también hice por aquí algún dibujo, y fotos. Se puede ver aquí.


27 mayo 2016

Parvus Mundus. Cuevas de Provanco, Segovia. Barranco del Arroyo Botijas.




La práctica de lo inútil.

Como en otras ocasiones, para pintar, tomo los pigmentos que me encuentro bajo los pies una vez decido qué es lo que quiero pintar: no hay mejor inmersión en el paisaje. Cualquiera lo puede hacer, sólo necesita un cuaderno -es recomendable que tenga las tapas rígidas- y dejarse llevar.

En este lugar perdido alguien ha plantado sauces junto al arroyo. Se ha formado una pradera que parece la única pradera...o la última pradera en el mundo.

Atardece, la luz convierte al lugar en aparición. Todo queda como recogido por un silencio cuajado en algún instante por pequeños sonidos, como si nacieran de la caja de resonancia de un instrumento antiguo, abandonado y olvidado. En este abismo de luz.

Las rocas de la lejanía se tocan con los dedos...y el cielo.  

El aire parece mover las hojas con delectación, como si saboreara este verde casi fosforescente.

Vuelvo a Juan Eduardo Cirlot, mientras, el viento mueve el pelo de Bronwing.

En lo perdido late la verdad
de la vida en milenios.
La eternidad, oblícua, sufre dentro, 
y abre las dimensiones de lo no
tangible.





Pigmentos: Cardillo, flor de Diente de león, zarzamora quemada, tierra y agua del arroyo.





Descenso al barranco




Ascenso desde el Barranco.




21 mayo 2016

Parvus Mundus. Atauta, Soria.



Cubierta del Cuaderno Parvus Mundus.

 Pigmentos: barro, cáscara de almendra, madera podrida y hierba.



 


La obra Parvus Mundus (Pequeño Mundo) se publicó en Amberes en 1579. Para su encuadernación, en piel de ternera, se utilizaron planchas de oro decoradas con entrelazados y elegantes arabescos. El original está dedicado a Rodolfo II de Habsburgo (1552–1612), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Bohemia y de Hungría, y archiduque de Austria.

18 abril 2016

Las Hoces de los Días. Visita al Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz.

 

Ruinas del Convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, 
Sebulcor, Segovia.

Desde su fundación, en 1231, el Convento ha estado amenazado por la ruina, por los desprendimientos de las paredes rocosas que le ocultan en el fondo de la hoz. Para hacerse una idea de ello sólo es necesario ver las grandes rocas que hay ahora en su interior y que arrasaron los restos que aún quedaban en pie, podría parecer un terremoto o una erupción volcánica. Contrasta este escenario, como de tragedia geológico-romántica, con la paz del río que discurre silencioso gracias a un embalse que controla su tesón por la erosión: a la vista está la profundidad del cauce excavado. En otro tiempo este silencio de ahora era un ruido de agua sobre cantos, a veces atronador, que inundaba este desierto y retiro de frailes.

Junto a este sonido contínuo hubo otros tan terribles como las trompetas del Juicio Final. Uno de los derrumbes memorables ocurrió el amanecer del 7 de septiembre de 1495, en maitines, y con los frailes en el coro: un trozo de peña destruyó el Convento a excepción de la iglesia, y debido a ello no hubo que lamentar desgracias personales...milagrosamente. Sólo hay que ver el tamaño de la peña que cayó sobre el Convento, supongo que son estas rocas que hay junto a una puerta que parece de la época de su reconstrucción. La obra de la que hablamos se hizo a costa de la Reina Isabel I de Castilla, la Católica. Esta reina se reservó una celda en la nueva construcción. Felipe II también estuvo en este lugar en 1565; seguro que fue una estancia muy grata: el monarca más poderoso de la época apartado en este solitario lugar donde los únicos ecos vienen del río que pasa a sus pies, donde  los pájaros cantan por los frutos recibidos. Si la visita fue en verano, el rey y los pájaros comerán  higos, los frutos de alguna de estas higueras de troncos grises que parecen nacidas de esa misma roca gris. Parece como si ellas, por si solas, fueran capaces de sujetar los precipicios del cañón. Pasa el tiempo, y en 1680 tenemos la fecha del primer colegio de misioneros en España fundado -aquí- por el fraile Francisco de Salmerón. Desde este pequeño y perdido lugar serán los frailes lanzados al -ancho- mundo. Después, en el siglo XIX, la Desamortización consiguió lo que no había rendido ni la naturaleza de la roca, ni la soledad, ni las penalidades: los frailes fueron obligados a abandonar para siempre estas venerables piedras. Y desde entonces esa misma naturaleza se ha fundido con la ruina con la devoción y la fuerza del abrazo dado por el amante antes de la definitiva partida.

Mi visita dió como fruto un pequeño poema y dos dibujos en mi cuaderno, todo hecho con aquello que proporciona -generosamente- este lugar. 




El cauce es un lecho tejido

con la raíz del sauce

y en las grietas, al abrigo

con el fruto ya oscuro y seco

aún prendido, las higueras

que en un tiempo ya lejano

fueron cultivadas



en las hoces de los días.



(Julián Valle. La piel como un río, Nº XV

 




 

C.D. 056
(Convento de la Hoz)
Sebulcor. Segovia
cieno, zarzamora y río s. papel
16x 47.5 cm.

 

C.D. 055
(Convento de la Hoz)
Sebulcor. Segovia
cieno, zarzamora, higo y río s. papel
16x 47.5 cm.

Las Hoces de los Días
(fotografías de J. Valle)

 

El Convento junto al río Duratón desde el borde del cañón.



Es necesario continuar por el borde del cañón hasta encontrar la senda de desciende al río. Siguiendo la orilla encontramos las murallas del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles. El estío es una buena época para llegar a estas ruinas siguiendo el curso del río: cuando suben las aguas del pantano sólo podrá hacerse en barca.





Junto a la entrada hay varios huecos entre las ruinas -o junto a las piedras- que permiten el acceso al interior.
Estas ruinas no se deben sólo al abandono, ha habido varios derrumbes que arrasaron el Convento cuando este estaba habitado.