14.10.18

La estructura profunda. Néstor Sanmiguel Diest: Presentes simultáneos.




 Amnesia
 Néstor Sanmiguel Diest, 2015
Acrilico, tintas y papel s. tela
200 x 300 cm



Porque ese cielo azul que todos vemos
no es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!




Bartolomé Leonardo de Argensola (Barbastro,1562- Zaragoza,1631)

La percepción de las cosas depende del punto de vista y de cómo se organice la información que recibimos. No siempre hay una clara diferenciación entre fondo y figura.[1] Aunque el fondo pueda tener existencia bajo la figura, y esté más alejado –y sin límites- respecto a nosotros como sujetos que miran, aunque la figura se defina por sus límites, hay veces como en el caso de estas pinturas, en el que no sabemos realmente que es una cosa u otra. O si acaso unas capas u otras puedan tener esas funciones siendo ambivalentes. Y esta ambivalencia también está presente como conflicto de sentimientos: hay –podemos decir- un plano que nos atrae, en el que nos sentimos cómodos, y otro que parece ser el umbral de una frontera y que nos repele.
 
Se pretende ocultar y nos incomoda y a la vez se nos muestra -como en un juego- aquello que parece ser el objeto de nuestro deseo: la definición de la forma oculta, como un asidero en el borde de la finitud frente al horror sublime de lo infinito. Eugenio Trías nos dice que, en el arte barroco, es la razón y no la vista la que comprende la estructura profunda: “mientras el sujeto visual se pierde en ese ilusionismo, el sujeto espiritual acierta a comprender la elipsis necesaria del artista y a prolongar lo que no está.”[2] Y que en este arte “lo presente está invadido y envuelto por lo invisible; lo finito, por un torbellino de infinitud”[3]



Dada en Marte
 Néstor Sanmiguel Diest, 2015  
Acrilico, tintas y papel s. tela 
200 × 300 cm


En este juego de ilusiones, entre la infinitud y el límite parece quedarse atrapada la mirada. Y esta trampa ante el ojo también atrapa el pensamiento y todo nuestro ser.
Y es en esta frontera donde parecen situarse estas obras: como en los espacios barrocos. En aquellos -para Alfonso Rodríguez G. de Ceballos- el fin último era “sumergir al espectador en una atmósfera de ensueño que embriaga todos sus sentidos, enajenándolo en un espacio ilusorio contrapuesto y radicalmente distinto al de la vida cotidiana (…) el afán irreprimible de llenar todas las superficies, sin dejar reposo al ojo.”[4]

Y sin embargo ¿de qué está compuesto este espacio ilusorio? es la vida cotidiana que se presenta más que como estrato, como velo.  Ahora desciende la mirada hasta esos los más pequeños detalles, un fondo sin límites, zona abisal de los innumerables fragmentos temporales. Las astillas serán recogidas pacientemente y, por medio del arte, el pecio será reflotado ante nuestros ojos deslumbrados.
 
Estamos, desde el fragmento, ante un tiempo en toda su extensión. Hundidos en la delectación de un retener lo que puede ser, quizá aparentemente, lo más intranscendente. Cada uno de ellos como eslabones en una cadena de sucesos que se recorre hasta liberar el pensamiento de todo aquello que abruma y confunde: minucioso recogimiento, inmersos en la contemplación en la acción. Sumergidos en la estructura profunda.



…revelando cómo no son vocales ni  consonantes, para que el que las lea piense en algo vano, sino que son Letras de la Verdad que sólo pronuncian los que las conocen. Cada letra es un completo, como un libro completo

 


Néstor Sanmiguel Diest_Presentes simultáneos

Del 5 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019
C/ Saldaña s/nº Burgos (Spain)
Telf. (+34) 947 256 550





[1] Figura no está tomado aquí en sentido retórico. Será figura “lo que someteremos a una atención que implica un mecanismo cerebral elaborado de escrutinio local”. Groupe µ. Tratado del signo visual. Para una retórica de la imagen. Madrid: Ediciones Cátedra, 2010, p.59.
[2] Eugenio Trías. Lo bello y lo siniestro. Barcelona: Editorial Ariel, 2001, p. 169.
[3] ídem.
[4] Alfonso Rodríguez G. de Ceballos. El revestimiento de yeserías en las iglesias pobladas (México) y el juego de un espacio ilusorio. En Ante el nuevo milenio: raíces culturales, proyección y actualidad del arte español. XIII Congreso Nacional de Historia del Arte, Vol. 2, Universidad de Granada, 2000, pp. 879-890.

10.10.18

Palacio del Tiempo_publicación




Publicación que recoge las obras y textos del proyecto Palacio del Tiempo, para   El Huerto del Tertuliano, en Fuente Olmedo, Valladolid. 2017-2018.

Blog del proyecto Palacio del Tiempo:
 Hortus Conclusus

1.10.18

Los cuentos de Lucía Berlin


 
Lucia Berlin
Dice el escritor y premio Nobel (2001) Vidiadhar Surajprasad Naipul fallecido el mes pasado: "Leo un fragmento de texto y con solo uno o dos párrafos sé si lo ha escrito una mujer o no. Creo que [eso] no está a mi nivel" (London Evening Standard en 2011). Lo dice porque cree que la literatura firmada por mujeres peca de "sentimentalismo y estrechez de miras".
En otras cuestiones podría tener puntos en común con este señor pero aquí estoy en total desacuerdo. Quizá no dispongo de ese fino olfato para localizar hembras en literatura. Me parece simplemente un pecado de soberbia: eliminar a todas esas candidatas que están entre más de la mitad de la población mundial, y que le podrían hacer sombra.
Sea por lo que sea, el caso es que yo no he leído aún a Naipul, quizá algún día…no sé...no sé.



Lo que si he leído es a Isak Dinesen que como todo el mundo sabe, y también Naipul, no es un tío. Se llamaba Karen Blixen (Rungsted, Dinamarca, 1885-1962) y adoptó este pseudónimo -con el que fue una celebridad- para poder publicar sus Sietecuentos góticos en EEUU. Fue una escritora que se podría decir que no hacía literatura: para ella la escritura era algo tan natural como comer: era su visión del mundo, su forma de relacionarse con el. Me encanta el cuento, por eso Blixen está entre mis escritores favoritos: la mejor literatura en este género. Pero además de Blixen he encontrado otra santa para mi devoción... gracias a un regalo y al fino olfato literario (que no hace distinción de sexos pero sí es sensible a la excelencia) de Ana L.: los cuentos de Lucia Berlin (Juneau, Alaska,1936 - Marina del Rey, L. Á., 2004) reunidos en Manual para mujeres de la limpieza

Estamos ante una escritora que el marketing etiqueta como maldita: sí... ¡maldita suerte! le llega el éxito en 2015 (en España será en 2016) cuando ya llevaba una década muerta. Esto del malditismo podría ponernos en alerta, pero no, es una escritora fantástica, llena de matices y con el tono y ritmo justo: música. Da la sensación que todo tiene cabida en sus historias, los amores y desamores, su áspera y particular familia, los hijos que saca adelante ella sola, episodios de penuria económica, alcoholismo, sus innumerables mudanzas y variados trabajos alimenticios. Y entre ellos el de mujer de la limpieza que da título a una de sus historias y al libro que tenemos entre manos.


Lucía Berlin
 

Con Lucía Berlin da la sensación de vivir sus historias, todas tan diferentes, con total naturalidad y siempre con chispa, con ese punto de humor, tan sutil, certero y humano…incluso en los episodios más tristes: sea una enfermedad terminal o una alcohólica apurando todas las posibilidades de buscar una botella contra viento y marea. Dice Lucia B:
No me importa contarle a la gente cosas terribles si puedo hacerlas divertidas.
Mi cuento favorito es un viaje en coche (Coche eléctrico. El Paso) con dos abuelitas, piloto y copiloto, contado por una niña, todo el trufado con citas bíblicas. Ese que empieza describiendo el coche, atentos a todos esos pequeños detalles, como ese hilo en el texto que es todo uñas, ja ja ja: 
Parecía un coche cualquiera, salvo porque era muy alto y corto, como un coche estampado contra una pared en una tira cómica. Un coche con los pelos de punta. Mamie subio delante, y yo me monté detrás.
Entrar allí era como rascar una pizarra con las uñas. Las ventanillas estaban cubiertas por una capa de polvo ocre. Las paredes y los asientos eran de terciopelo enmohecido y polvoriento. Marrón topo. En aquella época me mordía mucho las uñas.







Cuenta la mujer de la limpieza:

En cuanto me pongo a trabajar, antes de nada compruebo dónde están los relojes, los anillos, los bolsos de fiesta de lamé dorado. Luego, cuando vienen con las prisas, jadeando sofocadas, contesto tranquilamente: «Debajo de su almohada, detrás del inodoro verde sauce». Creo que lo único que robo, de hecho, son somníferos. Los guardo para un día de lluvia.

Dice que los guarda para un día de lluvia. Así termina el párrafo: ras, ras, tras, plum, crash...y la lluvia. Es como el mecanismo de un reloj, como un plato exótico con una inesperada combinación...es perfecto (señor Naipul) Y es que todo es así, no hay relleno, se dice lo justo y de tal manera que no se pueda contar mejor. Se respira aire fresco, amor, libertad, belleza y mucha vida. Después de leer a Lucia Berlin ya no puedo leer a grandes literatos. Es que se me hace un bolo en la boca, se me llenan los carrillos y nada, que no trago. Algún día leeré a Naipul, tal vez…puede…no sé, no sé. Quizá con una buena jarra de cerveza en la otra mano...y a sorbitos.


Manual para mujeres de la limpieza (cuento)