11.3.16

Mar interior_Bartolomé Rey / Solaris_Stanislaw Lem

El hombre se había lanzado al descubrimiento de otros mundos y otras civilizaciones sin haber explorado íntegramente sus propios abismos, ese laberinto de oscuros pasadizos y cámaras secretas, sin haber penetrado en el misterio de las puertas que él mismo ha condenado. 
 ...

El sol rojo había desaparecido en el horizonte y el océano era un desierto sombrío, moteado por destellos moribundos, últimos reflejos extraviados entre las largas crestas de las olas. El cielo resplandecía. Nubes con orlas violáceas flotaban sobre este mundo rojo y negro, indeciblemente lúgubre.

Solaris. Stanislaw Lem
 


Mar nº 26
Bartolomé Rey,2012
óleo sobre lienzo
130x240 cm


Víctor Bartolomé Rey practica una pintura de un atípico realismo. Bajo lo que se entiende con esa etiqueta, refiriéndonos al arte más reciente, está un tipo de arte más interesado en la representación de la superficie de las cosas y en el reconocimiento de las mismas, que en lo que éstas -más allá de la apariencia- transmiten mediante su representación. Sería algo así como la diferencia -en el lenguaje escrito- entre la descripción de algo con distintos grados de detalle, y la experiencia como conocimiento de algo por su observación...y especialmente por su vivencia. Porque -como puede ser el caso de V.B.R.- es posible un grado tal de acercamiento a las cosas que sobrepasa la mera observación: una proyección -de uno mismo- sobre el objeto en busca de la "verdadera" esencia del mismo. Es una tarea cuanto menos difícil, como un embarcarse en una aventura marina hacia tierras ignotas. Sé que nuestro artista está fascinado con ese proyectarse en lo representado tan grato para el pintor taoísta cuando pinta -p.ejem.- un tronco de bambú. Mientras pinta, se liga con el a través del pincel, la muñeca y el brazo hasta ser todo uno. Dice el poeta, pintor y calígrafo chino Su Dongpo

Antes de pintar un bambú tiene que crecer dentro de uno. Entonces, el pincel en la mano, la mirada concentrada, la visión aparece de pronto ante los ojos. ¡Atrapémosla cuanto antes con nuestras pinceladas, porque puede desaparecer tan súbita como la liebre ante los pasos del cazador!




Mar nº 28
Bartolomé Rey,2011
óleo sobre lienzo
122x244 cm

Dentro de este raro realismo comparte Bartolomé Rey intereses con una artista de la que soy admirador Vija Celmins , una francotiradora del arte que sobrevivió al aplastante auge del expresionismo abstracto. Curiosamente su trabajo fue descrito por el crítico Harold Rosenberg como action painting: y desde luego que lo es, se podría decir -soy muy atrevido o muy ignorante- que consiguió con sus precisos -y preciosos dibujos- de la superficie del desierto lo que Pollock decía buscar, o -"virilmente"- pensaba haber logrado. Y que después pudo convertirse en vacía "fórmula" para mayor tragedia del artista.

Los trabajos bajo el nombre Mar interior de Bartolomé Rey creo que tiene más relación con los de Celmins que con otros en apariencia más similares: como serían las marinas de Gerhard Richter o las fotos, los Seascapes, de Hiroshi Sugimoto…pero vistos al natural son algo muy diferente. Con el artista japonés la diferencia fundamental es el soporte. Las "limitaciones" de uno y otro son diferentes. Hay una cuestión "temporal" que los hace distintos: en la fotografía es la paradoja del tiempo que se tensa y extiende a partir de una instantánea, y en el caso de los mares de V.B.R. ese su trabajar con tiempo da como resultado una imagen intemporal...como de algo que siempre estuvo ahí. Tienen una presencia diferente: en Sugimoto es un registro mientras que en V.B.R. es un mar vivo y palpitante, algo imposible de lograr con una fotografía pero al alcance de la pintura...de la excelencia en pintura. 



Mar nº 36
Bartolomé Rey,2014
óleo sobre tabla
100x140 cm



Es necesaria la visión directa de estos mares interiores que nos envuelven con su presencia. Pero no podríamos decir si es siempre el mismo. Y si lo fuera, en cada cuadro o dibujo, por sus variaciones de color, por sus cambios en la superficie parecería como un mismo rostro -con su propia fisonomía- pero presentándose cada vez con un carácter distinto: se hace presente pero es desconocido para nosotros, siempre misterioso, siempre imprevisible. Solos frente a este mar sin límites, explorando su superficie, sin saber qué es lo que realmente buscamos. Berton, uno de los personajes de Solaris, en su libro de bitácora escribe:

Advertí entonces un cambio en la superficie del mar. Las olas habían desaparecido casi del todo y la capa superior de ese fluido — lo que compone el océano— era ahora transparente, con estelas confusas aquí y allá, que se disipaban; al poco tiempo volvió a hacerse la luz. Alcanzaba a ver claramente hasta una profundidad de varios metros. Veía una especie de ciénaga, de légamo amarillo, que proyectaba filamentos verticales. Cuando esos filamentos afloraban a la superficie, tenían un resplandor vidrioso, y empezaban luego a desprender espuma, y por último esa espuma se coagulaba; se hubiera dicho un almíbar espeso.

Los mares de Víctor Bartolomé Rey que se han convertido -para mí- en ese piélago palpitante de Stanislaw Lem: una imagen posible  de ese planeta. Y como en la novela un lugar profundo e hipnótico. El título de esta serie de obras de V.B.R. no puede ser más elocuente: Mar interior. En el planeta Solaris, mirando su superficie, habla Kevin  desde la estación orbital:

Tal vez valga la pena quedarse. Sin duda no aprenderemos nada acerca de él, pero sí acerca de nosotros.



Mar nº 40
Bartolomé Rey,2013
óleo sobre lienzo
60 cm.


 
Víctor Bartolomé Rey. (Pinilla de los Barruecos,Burgos,1.964)  

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