7.11.15

Nota para Las hoces de los días sobre una obra que no es de Julián Valle

Las hoces y los días. Julián Valle Galería Gurriarán noviembre 2015-enero 2016

No sería conveniente que hablase de mi propia obra, así pues lo hago sobre aspectos de una de las muchas grandes obras que considero fundamentales en mi educación como artista que trabaja en el paisaje. Confío en que pueda servir como orientación sobre cuáles son mis intereses e intenciones en esta labor en la que lo manual y lo mental yacen juntos bajo el mismo lienzo. Donde quedarán confundidos sus cuerpos, como dos amantes una vez superada la distancia que les atormenta y separa. El territorio donde se desarrolla la creación de una obra es como el de ese combate del amor del que se sale vencido, un tema muy grato para místicos y trovadores.

La obra es de Alberto Durero y podría ser el primer paisaje sin figuras dentro de la pintura occidental. 



Albrecht Dürer
Pond in the Wood. c. 1496
Acuarela y gouaches s. papel, 262 x 374 mm
British Museum, London



Este dibujo quedó oculto durante siglos hasta su descubrimiento en 1970 en el reverso de una acuarela -pegada en 1637 - en un álbum de dibujos, presentado en 1753 dentro del legado de Sir Hans Sloane*. 

Parece un esbozo incompleto. Y esto no le resta valor ya que incluso le da un “carácter” especial que no tendría de haber sido –hipotéticamente- “acabado”. Yo tengo esa duda -como artista- a la vista de la obra y también viendo su anagrama en la parte superior: pienso que lo consideró acabado, y por ello firmado.

Esta visión de Durero de la naturaleza “virgen” es para algún autor una de las actas fundacionales del paisaje como género autónomo en la tradición occidental. Aunque siempre se ha considerado a Patinir como el primer paisajista occidental , o el primero en pintar paisajes autónomos, para Alain Roger [1]esto supone una doble usurpación ya que la extensión del paisaje en la casi totalidad del cuadro ya la encontramos, a finales del siglo XV en el San Juan Bautista en el desierto de Geertgen Tot Sint Jans, y también porque los paisajes, vistas topográficas, en acuarela y gouache del joven Durero (alrededor de 1490) son los primeros paisajes sin personajes. Son tan innovadores y singulares que la comparación con Cézanne nos viene espontáneamente a la mente. De esta manera queda Durero (1471-1528) como el primer paisajista, y Patinir (1475-1524) como el primer pintor especializado en paisajes. Aunque estos siguen siendo el “escenario” de unos personajes: un escenario que devora a sus personajes, que son - en algún caso- casi como un elemento más, como lo son las rocas o los árboles. 

Se podría decir que Patinir se contentó –pero esto fue decisivo- con dilatar la veduta, con ensancharla hasta las dimensiones del cuadro, invirtiendo así la relación de la ventana y la escena. Ésta ya no reina, majestuosa, delante de aquella, entra en ella y se aloja allí modestamente.[2]

En Patinir el "suceso" de la Historia Sagrada que sirve para componer la grandiosidad de la escena parece perder su protagonismo frente al "escenario", pero en realidad es al contrario ya que la mirada siente una atracción especial hacia esa parte de la pintura; de la misma forma parece suceder en la pintura china de paisaje que –mayoritariamente- no prescinde del elemento humano. Pues como ocurre en muchas obras el contrapunto es esencial. 
Pero en el dibujo de Durero lo esencial, el contrapunto, no es precisamente la presencia humana sino su ausencia. Una ausencia que nos convierte en protagonistas en una escena donde lo importante es la paradójica presencia de un vacío, de lo desconocido, de ese azul profundo -tan oscuro- de la charca que se diluye –silencioso- más allá del horizonte.
Si aún hay quien piensa que el dibujo quedó incompleto se podría citar a  Yoshida Kenkō[3]:

En todas las cosas, la uniformidad es un defecto. Es interesante dejar algo incompleto y por terminar; así se tendrá la sensación de que mediante esa imperfección se prolonga la vida de los seres 

Ante lo no dibujado, lo no formado, que inevitablemente avanza. Avanzan las horas del día como prolegómeno de la noche.

Julián Valle, Campillo de Aranda 2015.




Las hoces y los días. Julián Valle
Galería Gurriarán
noviembre-diciembre 2015
inauguración: jueves 12 de noviembre.
c. Argensola, 25 - 1ºc
28004 Madrid




[1] Sir Hans Sloane (1660–1753) médico de profesión,  era también un coleccionista de objetos de todo el mundo. A su muerte en 1753, había recogido más de 71.000 objetos. Sloane legó su colección a la nación en su testamento a cambio del pago de 20.000 £ a sus herederos. El Parlamento aceptó el regalo y el 07 de junio 1753 una ley del Parlamento crea el Museo Británico. La Colección de Sloane da pie a la fundación del Museo Británico. (www.britishmuseum.org) 

[2] Alain Roger. Breve tratado del paisaje. Traducción de Maysi Veuthey. Madrid: Biblioteca Nueva , Colección Paisaje y Teoría., 2007, p.83 y ss.

[3] Kenko, Yoshida, Tsurezuregusa, Ocurrencias de un ocioso. Madrid: Hiperión, 1996.


* El cauce es un lecho tejido
con la raíz del sauce
y en las grietas, al abrigo
con el fruto ya oscuro y seco
aún prendido, las higueras
que en un tiempo ya lejano
fueron cultivadas

en las hoces de los días.
                                      
                                     J.V.







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