8.5.11

Rastros de Nadie: Javier Ayarza y Francisco Solano.

Aguardarás benévolo tu extinción
o tu traslado.

         Marco Aurelio

Déjame esta voz que tengo,
Lo mismo que a la pampa le dejan
Sus matorrales de deseo,
Sus ríos secos colgando de las piedras.

         Luis Cernuda *


Uno de los pecados del artista principiante -que muchos intentamos superar y hemos padecido- es dirigir la lectura de la obra hacia profundos caminos trillados, para llegar finalmente a un lugar tan vacío, y a la vez tan lleno de contenidos, que sólo interesan al glosador de arte sin talento y a la triste vanidad del autor. Y normalmente  no se cumple aquello de que "cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. " (Lucas 14:11) Lamentablemente es un pasatiempo con el que se está "educando" a legiones de nuevos artistas. 

En su serie Fotografías 2000-2001, del artista Javier Ayarza, la ausencia de título puede darnos pistas de las posibles intenciones. Y la ausencia de narrativa en la imagen evidencia una presencia de la misma, lo mismo que lo que queda encuadrado remite también a lo que queda fuera de encuadre. También la ausencia del personaje o personajes en la escena convierten en protagonista a quien lo mira: y lo proyectan del exterior al interior de la imagen. Y ya dentro sigue los rastros.


Más allá de las referencias (de superficie) a autores contemporáneos inevitables debido al soporte y el tema; hay un punto en común con otras obras, no en la apariencia, sino (ahora sí) en el fondo, en el depósito: la frágil pátina que dejamos sobre lo existente. Hay un hilo conductor en la creación de objetos e imágenes –independientemente del fin de los mismos- que desde los orígenes buscaban fijar con la representación, como una reacción ante la podredumbre…y la muerte. Una actividad luminosa. Se habla de finitud y de su misterio, de los instantes, y del rostro del tiempo. Unos rastros que recoge con piedad el autor de las obras que, de verdad, busca algo.


En el acto primero de Creación se da nombre a las cosas, ya que lo que no tiene nombre no existe. Borrar el nombre, o la prohibición de nombrarlos, es un acto póstumo de crueldad con los que desaparecieron y con los vencidos.
En series posteriores como La estrategia del avestruz, 2007-08 Javier Ayarza- registra escenarios similares. Esta vez el escenario es un velo que cubre las fosas de los asesinados -en este caso republicanos- en la Guerra Civil Española. También hubo otros lugares donde fueron asesinados nacionales, por motivos similares y con la misma crueldad, pero al pertenecer al bando vencedor su memoria no fue borrada: sería interesante -para completar la visión de este panorama histórico- el trabajar sobre esos otros lugares también olvidados. Aunque no fueron borrados, estas otras víctimas, fueron utilizadas de forma interesada por los que les honraron, algo similar a lo que -creo- está ocurriendo ahora desde el otro lado: parece que el tema de las dos españas sigue siendo útil para determinados intereses que no son los de los muertos y sus familias. 
Estas obras rescatan del limbo de lo sin nombre mediante un título que se corresponde con unas coordenadas geográficas.
Pero no se sitúan en ese territorio -tan fácil- de la denuncia, : no hay nada más burdo que pretender hacer arte manoseando esas muertes y esa memoria, esas flores tan frágiles. La delicadeza con la que este trabajo trata lo que la escena oculta lleva -precisamente- a preguntarse sobre la elección de estos lugares anodinos y anónimos. El objetivo fotográfico mantiene una difícil objetividad frente a estos lugares, y para ello se acompaña de unos datos sobre sus localización y una breve descripción de los hechos al modo de un informe científico o un atestado policial. Esta descripción, desborda la frialdad de los informes, así como también queda desbordada la neutralidad de la imagen.




Lugares, contenedores de sucesos trágicos, que permanecen presentes a través de generaciones con la persistencia que sólo tiene el desgarro de la pérdida. 
Espacios anónimos cargados de presencias. Rastros que quedan latentes y que necesitan ser revelados. Para ver y sentir…. en un día soleado, en un lugar cualquiera…. el fogonazo brutal de un instante.



* He comenzado a vivir en una casa, con ventanas enfrentadas al poniente, habitada tiempo atrás por una familia que podría haber sido la mía. En las paredes han quedado las señales de los cuadros; en el suelo hay arena diseminada, los restos de un paseo bajo una lluvia repentina…

Tanto este último texto como las citas que encabezan esta entrada del blog, aparecen en en un libro publicado en el 2006 por Ediciones Siruela, con el título de Rastros de nadie, escrita por Francisco Solano nacido en 1952, cerca de aquí en la Ribera, en La Aguilera. Una magnífica novela, extraña en nuestro panorama literario, fascinante y con una rareza que sólo poseen las aves extintas. Muy adecuada para continuar la lectura de la obra de Javier Ayarza, especialmente desde El curso de las cosas.


Rastros de nadie. Francisco Solano. Ediciones Siruela,2006.
Javier Ayarza en la Galería Fucares. Almagro/Madrid. 
Terra..La estrategia del avestruz, 2007-08. Javier Ayarza Arribas Colección Campo de Agramante. Universidad de Salamanca. 2008.
Javier Ayarza ha sido miembro de A ua crag (Colectivo de creación)1985-1996.
A ua crag en ADACYL -MUSAC







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